Una deliciosa tentación.

Debo admitir que en este proyecto participamos todos los miembros del equipo.

Puesto que la idea salió de una de las clases,  una lectura bastante sensual

de Walt Withman después de ella logramos sumergirnos en una conversación hasta

llegar a está alegre conclusión. Los comerciales de Magnum son sumamente sugerentes

de está manera han vendido muy bien sus productos debido a que la comida va de

la mano con el placer y sobre todo ciertos alimentos comí en este caso el chocolate.

Por otro lado Withman invita una lectura bastante erótica con un descripción deliciosa.

Combinando una paleta de chocolate tan deliciosa con unas líneas esplendidas

y además con inmersión de imágenes bastante provocativas y como resultado obtuvimos:

 

 

La voz es de Raúl Romero.

La edición y selección de imágenes es de Zoe Morales.

Machete a la Martín Fierro. Parte 2.

Pues lo prometido es deuda. Esto es lo que salió como la continucación  del poema sobre Machete con la métrica del Martin Fierro.

Es curioso ver a Machete como un héroe romántico, ya que esa palabra es relacionada en esta época mucho más con el amor que con los ideales mismos, más que el ego volo vs ego debo. Y es que Machete no es un personaje que sufra de amores precisamente, de hecho, fornica con muchas mujeres en la película (¡le da hasta a Lindsey Lohan!) Pero sí es alguien que pelea para redimir su nombre y esa lucha se convierte en la lucha de un pueblo, un pueblo que se dice mexicano (aunque aquí entraríamos en un conflicto, ya que esa gente no es mexicana ni gringa, les tocó el ser una combinación de al parecer dos razas que no se llevan, pero que tal vez rediman a las dos o las perjudiquen, no se sabe).

Sin más que decir por el momento, los dejo con otras diez estrofas (que esto, aunque no me lo crean, cuesta trabajo).

Pero antes de la tarea
Él tenía algo que hacer:
darle ese dinero a RED
para que más inmigrantes
no sufrieran, como antes,
del gringo que ansia placer.

Y ahí va nuestro cruel héroe,
matar al cruel Senador
como francotirador.
Desde lo alto, desde un techo
dejarlo como un desecho,
morirá como traidor.

Mas el traidor sería otro,
a Machete ya esperaban.
en otro techo miraban
los actos del mexicano
para después, tan ufanos,
muriera como esperaban.

Antes de que el mal político
muriera, que al machetudo
le disparan, un boludo
deseaba exterminarlo
y más aun satanizarlo
frente al gringo berrinchudo.

Mal herido huye Machete
pa’ que la migra y la tira
no le descargen su ira
por el fallido atentado.
Ahora a otros ha matado,
de todos está en la mira.

Tras un gran boom de coche,
que causó el del cuchillote
para no comer camote
de quien pagó el atentado,
se nos va hospitalizado
y crear más un mitote.

Pero lo estaban buscando,
es que matarlo querían,
mas de él nunca esperarían
que empezara una matanza:
las tripas sin esperanza
volaron.  Escaparía.

En su troca llegó Luz
pa’ salvar al “asesino”,
pa’ que nadie en el camino
se lo jodiera. Lo salva
y cura para que al alba
estuviera más que fino.

Empezaba la venganza
entre mexicano y gringos:
éstos: muerte igual a bingo,
aquel: muerte pa’ la gloria
de su pueblo y su vitoria
y ya no sufrir un chingo.

Lo buscaron varios hombres,
usaron bombas y balas,
las tácticas fueron malas.
Ya liberado el salvaje
descarga con su coraje
y hasta coge colegialas.

Buscará quien lo chingó,
el Machete mata a diestra
también lo hace a siniestra
todo por los ideales
demostrar que son mortales
los gringos. Pronto una muestra.

Diálogo de muertos a final de semestre…

Un estudiante de primer año de letras hispánicas, que tras pasar toda la noche terminando uno de sus múltiples trabajos finales se quedó dormido. Despertó a las tres de la mañana, revisó rápidamente si algo le faltaba a su trabajo, encontró contento que solo debía enviarlo al correo de su maestro.  Para este fin abrió la página del explorador para ir a su correo, entonces  apareció una ventana de chat (de esas incluidas ahora en cierta página de correo caliente) donde le hablaba un personaje extraño que tenía como nombre W.W.

W.W dice: Hola

Carlos dice: ¡Hola! ¿Quién eres?

W.W. dice: Yo soy Walt Whitman…

Un cosmos ¡Miradme!

El hijo de Manhattan.

Turbulento, fuerte y sensual;

Como, bebo y engendro…

No soy sentimental

Ni por encima, ni separado de nadie

Ni orgulloso ni humilde.

Carlos dice: Amm… Sí… pues yo soy Carlos… no puedo verte considerando que ni si quiera tienes una foto que mostrarsoy del D.F., ¨bebo¨ con frecuencia, ¨como¨ lo que me encuentro, espero nunca engendrar salen caros los hijos ¿Por qué me dices que eres sentimental? ¿Eres gay? No le tiro a ese lado disculpa… pero seamos amigos ¿Y a qué te dedicas Walt?

W.W. dice:… Yo soy el gran catador de vida,

El que la gusta y acaricia incansable donde quiera que se mueva

Ya marche hacia atrás o hacia adelante.

Me inclino ante los altares humildes y olvidados

Y no desdeño a nada y a nadie.

Carlos dice: Amigo hablas algo raro ¿Te dedicas a qué?

W.W. dice: Soy el poeta del cuerpo

Y el poeta del alma.

Carlos dice: Ahhh… ahora me explico tu lenguaje… yo estudio letras pero soy pésimo con la poesía… ¿Y cuántos años tienes Walt?

W.W. dice: Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.

Y con mi aliento puro

Comienzo a cantar hoy

Y no terminaré mi canto hasta que me muera.

Carlos dice: Yo tengo veintidós y estas últimas semanas he estado al borde del suicidio por tantos trabajos finales que han dejado mis maestros. Justo ahora enviaría un trabajo sobre los juglares de la edad media, supongo que los conoces.

W.W. dice: He oído a unos juglares que hablan del comienzo

Y del fin

Pero yo no hablo del comienzo y del fin.

Nunca ha habido otro comienzo que éste de ahora,

Ni más juventud que ésta

Ni más vejez que ésta;

Y nunca habrá más perfección que la que tenemos

Ni más cielo

Ni más infierno que éste de ahora.

Carlos dice: Quizá tengas razón… tener que hacer tres trabajos y cuatro exámenes para el mismo día quizá sean peor que el infierno… ¡Es verdad! Debo escribir un poema sobre algo que me haga feliz…pero no es un placer para mi… ¿podrías explicarme cómo logras escribir tanto verso?

W.W. dice: De mi surge la inspiración:

Y lo corriente y lo vulgar.

Yo digo la palabra mágica y primera

Y doy el santo y seña de la democracia…

De mi garganta salen voces largo tiempo calladas,

Voces de largas generaciones de prisiones y de esclavos

Voces de ciclos de preparación y crecimiento…

Yo no me tapo la boca

Ni pongo el índice sobre los labios.

 

Carlos dice: Ahh… entonces debo escribir lo primero que se me venga a la cabeza, quizá no es tan difícil ese arte de decir cosas bonitas y rimadas…

 

W.W. dice: ¡Basta ya… Basta, basta! (…)

Estoy aturdido… déjame,

Dejad que me rehaga,

Que vuelva de mi sopor,

De mi delirio, de mi agonía…

Esto es un error

.

Carlos dice: Disculpa… no quería ofender tu profesión… solo es que yo no comprendo de dónde pueden plasmar tanta imagen perfecta, en tan pocas palabras (o muchas en su caso)  ¡Y con un rimado perfecto! Me confunde tanta regla que un buen poema necesita para nacer…

W.W. dice: ¿Para qué habéis aprendido a leer si no sabéis ya

Interpretar mis poemas?

Quédate hoy conmigo,

Vive conmigo un día y una noche

Y te mostraré el origen de todos los poemas.

Tendrás entonces todo cuando hay de grande en la

Tierra y en el Sol (…)

Y nada tomarás ya nunca de segunda ni de tercera

Mano,

Ni mirarás más por los ojos de los muertos,

Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos

Ni tomarás las cosas de mis manos.

Aprenderás a escuchar en todas direcciones

Y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.

Carlos dice: ¿¡Un día y una noche frente a la computadora para aprender de poesía!? Bueno… creo que he dormido dos horas… lo suficiente para vivir un día… está bien, si tu plática me ayuda a terminar mi trabajo así como hacerme amar la poesía, acepto.

W.W. dice: Mi voz llega hasta donde mis ojos no alcanzan

Y con el giro de mi lengua lazo mundos y nebulosas                                                                      de mundos.

Mi discurso no es más que el hermano menor de mis                                                                      sueños,

Va de la mano de mi visión.

Solo no puede medirse,                                                                                                                   me provoca sin cesar y me dice sarcástico:

<<ya tienes bastante, Walt… ¿por qué no te conformas?>>

¡Cállate, necio… cállate!

(…) Porque mi sabiduría, que son las partes vivas de mi ser,

Se armoniza con el significado de todas las cosas: la                                                                      alegría (quien quiera que me oiga, él o ella, que                                                                              salga a buscarla ahora mismo).

Carlos dice: Entonces la misma realidad es la que te inspira a escribir, pero todo lo que pasa por tus ojos será juzgado también y entiendo que escribiendo puedes dejar parte de tu ser, como prueba de que estas vivo y con ella elevar tu voz a todos aquellos quienes quieran escucharte. Mas qué imágenes son lo suficientemente hermosas para que sean dignas de ser plasmadas en letras.

 

W.W. dice: Todo lo observo,

Todo lo anoto,

Todo este espectáculo con su resonancia me interesa,

Me mezclo en él…

Y luego me voy.

Carlos dice: Ciertamente ya me habías dicho que no discriminabas a nada ni a nadie.

W.W. dice: No digo las cosas por un dólar,

Ni para matar el tiempo hasta que llegue el barco.

Digo tu discurso y hablo con tu lengua que, amarrada

En tu boca, comienza en la mía a desatarse (…)

Si quieres entenderme, ven a las sierras y a las playas abiertas.

La mosca que se posa en tu frente es ya una

Explicación;

Y una gota de agua

Y el movimiento de las olas… una clave.

La mandarria,

El remo,

Y el serrucho

Secundan mis palabras.

Carlos dice: ¡Toda la naturaleza es bella! Mas ¿en qué tiempo debo situarme para escribir poesía?

W.W. dice: El pasado y el presente se marchitan.

Yo los he llenado y los he vaciado a los dos

Y prosigo llenando lo que me espera en el futuro.

Carlos dice: Me parece interesante tu postura de intentar llenar el futuro, a mí a veces me parece tan lejano, el pasado me agobia y el presente es demasiado estresante. Oh amigo Walt cómo encuentras tanta belleza hasta en algo tan incierto como el tiempo. Deseo escribir tan bien como tú, qué bueno que puedo aprender contigo esta noche.

W.W. dice: Nadie, ni yo, ni nadie, puede andar este camino por ti,

Tú mismo has de recorrerlo.

No está lejos, está a tu alcance.

Tal vez estás en él sin saberlo, desde que naciste,

Acaso lo encuentres de improviso en la tierra o en el mar.

Carlos dice: Es verdad, no puedo dejar que otro intente hacer mis trabajos, pues éstos son la visión hermosa que llega del mundo y me inspira a plasmarla en una hoja blanca. Yo creía hace poco que la poesía sólo trataba de  amor, celos y desamor, pero tú has implantado en mí una visión más amplia hacia dónde debo voltear, ¡la vida es poesía!

W.W. dice: Yo soy el maestro de los atletas.

Aquel de los míos que resuelle más fuerte que yo es

Una prueba de mi resuello.

(tardó varios minutos para volver a poner más escritos)

(…) me haces preguntas y yo te escucho.

Y te digo que no tengo respuesta,

Que la respuesta has de encontrarla tu solo.

(…) pero después que hayas dormido y renovado tus

Vestidos, te besaré, te diré adiós y te abriré la

Puerta para que salgas de nuevo.

(…) Ahora tienes que ser un nadador intrépido.

Mírame confiado

Y arremete contra la ola.

Carlos dice: ¿Estás diciendo que ya he aprendido lo básico para amar la poesía? Y que puedo empezar a

W.W. dice: Si te cansas, dame tu carga y apóyate en mi hombro.

Más tarde harás tú lo mismo por mí…

Porque una vez que partamos ya no podremos detenernos.

Entonces W.W. se desconectó, pasaron tres minutos y Carlos descubrió que  ya eran las doce del día, por más que buscó en su historial de conversaciones no encontró pistas de su amigo Walt, buscó internet la información de él y descubrió, con sorpresa, que era un hombre que murió en 1892, mas esto no le causó miedo, sentía en el alma un regocijo que pronto plasmaría en versos.

Entre canicas

Los pueblos crecen con el vigor y la fortaleza con que sus hombres y mujeres los alimentan. El campesino empeñoso cuya vista baña antes que el sol los cultivos de maíz y trigo dará con sus cosechas sostén a su familia; pero, a la par, toda su labor, hija del hombre y de la tierra, será el origen de los panes que ahora se hornean en la casa del vecino Pedro y que mañana se hallarán en las mesas de toda la pequeña patria; también, de las tortillas que se cuecen en el fuego ora de grandes máquinas, ora del pequeño comal redondo de doña María. Cosas parecidas suceden con la leche de las vacas que cría don José y que luego los niños beben antes de ir a la escuela o con la lana de las ovejas que se transformará en el hilo con que la anciana Amaranta teje sus ropas. Las manos de unos ayudan a las de otros y todas construyen, poco a poco, un hogar, un pueblo, una patria…

Los hombres que esta gran tarea requiere se formarán con mayor facilidad luego de tener una feliz infancia. Es durante tal etapa, se cree, cuando se afina y define el carácter del hombre en que el niño se convertirá. Todo lo que tú vivas ahora, amigo lector, es un poco de lo que serás mañana, cuando tengas una familia, un empleo, o lo que sea que quieras. Lo que en este momento conozcas podrás compartirlo con alguien dentro de algunos años a quien acaso le resultará provechoso.

Construimos este espacio para dar noticia a los niños acerca de algunos temas de los que quizá no hayan oído hablar aún. Sin embargo, eso no significa que nuestros artículos no puedan ser leídos por personas adultas, para quienes éstos se les volverán un instrumento que descubra memorias ocultas bajo otras o que sencillamente el polvo del tiempo cubrió.

La sección se publicará bajo el nombre de La nueva edad, en homenaje a los números que componen la Edad de oro de José Martí. Comenzaremos este apartado del blog con una remembranza de un juego con que los niños de entonces -hablamos de hace unos doce o quince años- solíamos entretenernos.

Antes que los videojuegos, como las televisiones, invadieran cada cuarto de los hogares, los pequeños, con su viva imaginación, hallaban maneras de divertirse fuera de sus cuartos: en los parques, en los patios, o en cualquier lugar. Inventaban juegos o jugaban los que sus padres les enseñaron. Corrían, saltaban, escalaban árboles, se caían, se perseguían… en fin, el tiempo no se les pasaba en aburrimiento.

Aquí nos detendremos para decir que los juegos importan para tu crecimiento porque ayudan a desarrollar tu fuerza e inteligencia; además, a conseguirte nuevos amigos con quienes pasar tus ratos libres.

El juego de canicas es uno de los muchos que han quedado olvidados. CanicasLas canicas son esferitas de colores hechas vidrio con las cuales se organizan distintos juegos. Ellas existen desde la antigüedad, es decir, desde hace, al menos, unos tres mil años. Los niños egipcios las conocieron; lo romanos también. Larga, entonces, es la historia de estos juguetillos.

En la Ciudad de México, acaso el más conocido de todos los juegos de canicas es el Cocol. Éste consiste en dibujar con un gis una figura de rombo, el cocol, y sobre su contorno colocar algunas canicas, ocho en total: una por cada esquina, y las restantes, distribuidas sobre las aristas. Hay también quienes rellenan el cocol con monedas. Esto dependerá de ti.

Cuando el cocol se encuentre completo, tú y tus amigos deberán elegir una canica, que será tu arma, y pintar en el suelo una línea desde la cual se iniciará el juego. Todos harán un primer tiro sin tocar la figura ni pasar sobre ella; quien lo haga quedará eliminado de la competencia. En el siguiente turno, siempre desde el lugar donde quedó tu arma después del tiro anterior, el primer objetivo será golpear una o varias de las canicas puestas en el rombo con la tuya y alejar de éste todas las tocadas y la propia, por lo menos, la distancia de una cuarta -esto es, la medida de la mano, desde el dedo pulgar hasta el dedo meñique-; si lo logras, adquirirás un turno extra enseguida y el poder para buscar las canicas de tus amigos y golpearlas con un tiro. El amigo cuya esferilla impactes perderá y se eliminará del juego. A esto se le llama Chiras Pelas. Debe aclararse que la regla dice que sólo uno de los jugadores podrá perseguir a los demás y será el último que haya logrado sacar las canicas del cocol o tocar las monedas en caso de haberlas.

En otro caso, si con tu lance no consigues tocar ninguna canica del cocol, mas te encuentras a más de una cuarta de éste, tocará a otro jugador intentar. Ahora bien, si en tu disparo hacia el rombo tu canica o las que toques con ella se quedaran a menos de una cuarta, tú serías el eliminado. La dinámica completa continúa por cada jugador hasta que se elimine a todos y sólo quede uno en el juego: el ganador. A fin de añadir emoción, puede establecerse un premio; por ejemplo, un número de canicas que quienes perdieron deberán pagar.

Por otro lado, no existe una forma precisa para sostener y arrojar la canica; sin embargo, dicen quienes saben -es decir, nuestros padres- que la mejor manera de tirar es cerrar la mano como si se quisiera formar un puño y colocar bajo el resto de dedos el pulgar y, entre éste y el índice, situar la canica que se disparará con el la fuerza del pólice, otro nombre que se le da al pulgar.

Finalmente, describamos algunas de las canicas: las hechas de vidrio transparente se llaman agüitas; si además tienen rayitas de color adentro son ojos de gato; las completamente coloradas, algunas veces con detalles de algún otro color, las conocemos por el nombre de diablitos; grandes, tremendas, amenazadoras son las bombochas que todo lo arrollan; blancas como las nubes de un día tranquilo son las chinas; los huesitos, más ligeros que todas las demás, se pintan en color marrón; por último, las galaxias, negras como la noche y salpicadas también de estrellas, pero las nuestras, multicolor.

Con esto concluimos el primero de varios artículos que compondrán La nueva edad. Ahora que conoces un nuevo juego para compartir con tus amigos, puedes ir a preguntar a tu papá, mamá o abuelos si entre sus muchos recuerdos guardan alguna bolsa con diáfanas agüitas, gordas bombochas, inmensas galaxias… No dudes que las hallarás fácilmente.

Canicas

Nuestro rostro: una cicatriz.

La identidad de Latinoamérica, una cicatriz que aún se abre, sangra, se despierta. ¿Tú has tenido que preguntarte quiénes fueron tus padres? ¿En dónde naciste? ¿Qué había en el mundo antes de ti? Quizá no, pero quizá sí. Esas preguntas podrían llevarnos a una larga y desesperante búsqueda que a fin de cuentas parecería no servir de nada, pero la Historia, como ciencia, es simplemente eso, mirarse y ver en nosotros el paso de épocas, de personas, de hechos. La humanidad no sería la misma sin Teotihuacán, como cada uno no sería igual sin el mole que preparaba la abuelita.

Por supuesto que saber de las raíces personales nos alimenta. Los anecdotarios y los libros de historia tienen un origen en común, parten de alguien que se pregunto si era lo que el otro decía que era. Y sí, hasta cierto punto somos los otros, pues sin ellos no seríamos nada. Sin los padres, los hermanos, los amigos, los novios no seríamos los mismos y podemos reconocer eso sin problemas, ellos agregaron algo a nosotros tanto como nosotros agregamos algo en ellos.

La búsqueda histórica no se limita al mundo, la búsqueda personal no se limita a nuestro rostro. Saber quiénes somos sin necesidad de un reflejo afecta nuestro entorno, vernos a diario en un espejo alimentado por la opinión pública cambia la manera en que vemos a los otros, por su puesto las relaciones humanas se basan en el interior de cada uno. Es un tema, largo y complicado, pero…

Mientras veía un programa de televisión norteamericano pude observar la imagen que hay de los países del sur del continente. Al parecer las condiciones sociales nos mantienen en un estado de insalubridad e inseguridad que ninguna persona que podría soportar, nadie podría viajar a un país “tropical” y volver sin alguna enfermedad (o un balazo en la cabeza). Lo curioso es que nosotros podemos entretenernos con los programas gringos, nos interesamos por los temas, los comentamos, pero la imagen que suele haber de los latinos ¿la vemos? ¿Han notado que en los programas de crímenes por resolver la primera opción (si no es que la única) siempre apunta a un latino, en los programas médicos quienes viajaron por Sudamérica seguro tienen una enfermedad letal? Todos los personajes latinos son delincuentes, fanáticos religiosos, pobres o están locos.

¿No les cuesta imaginar que alguien llegue al país atemorizado por la comida y el agua que consumirá? En lo personal me causa irritación y un poco de gracia, sólo un poco. ¿Si nuestros países están infestados de enfermedades por qué seguimos vivos? Yo sé, hay áreas en las que sí, la gente muere, hay tiroteos todos los días y nuestra sociedad está plagada de depresivos y obsesivo-compulsivos, sin embargo, al parecer, sólo somos eso.

Quizá estamos locos porque nos han dicho que lo estamos y nos matamos y nos enfermamos porque así estamos entrenados. ¿Qué fue primero, la persona o el espejo?  ¿Qué fue primero, las descripciones que han hecho para nosotros o nosotros? En el fondo hay una imagen vestida y revestida de cientos de descripciones. Los americanos se han interesado (al ocultarla o al construirla) en su historia, en lo que son y han sido, en, lo que desean ser y lo que les han dicho que sean, también las personas se interesan por saber de sus padres, de su historia.

Somos candentes, coloridos, América es el paraíso, sólo hay que preguntarle a Cristobal Colón, somos el demonio, incivilizados, salvajes y si no me creen pregunten a Pedro Mártir de Anglería. Hemos pasado por “buenos salvajes” y por entes sin alma. Después, cuando parecía que podríamos empezar a ser nosotros mismos (como adolescentes que se divorcian de la autoridad) decidimos volver a los orígenes, pero no cómo los otros decían, necesitábamos a alguien que sirviera a los intereses del desarrollo nacional, ahí surgieron los héroes de la antigüedad, esos que murieron por defender su tierra, sus costumbres, su religión y a quienes se trató de exterminar (aún después de la colonia). Buscamos una máscara que fuera de nuestra casa, de nuestra tierra, que pudiera darnos la identidad que desconocíamos para que hablara por nosotros, lleno de los intereses y pensamientos que alimentarían a la patria. Y nacieron héroes románticos cuyos originales nadie puede recordar.

Debido a la situación en que se encontraban los americanos del siglo XVIII necesitaron buscar algo en que reconocerse y diferenciarse de los europeos que parecía los habían venido a inventar, así llegaron al pasado, a una imagen que no hubieran inventado y que además representara la lucha e incluso que ayudara a seres hechos por otros a ser ellos mismos. Gracias a todo eso surgen textos como el diálogo de muertos entre Atahualpa (gobernador inca) y Fernando VII en el que se ponen en duda los argumentos usados durante la colonia y se equiparan la conquista de América y la invasión a España por parte de Napoleón Bonaparte.

¿Esos rostros serán lo que somos? ¿Esas voces dirán quiénes somos? Esos rostros sólo eran imágenes que se llenaron de significados, que más tarde se vaciaron y volvieron a llenarse. Nos ha sucedido y aún sucede, sujetos que nos representan, inflados de discursos e imágenes diseñadas que seguimos, voces que nos convencen y palabras que repetimos. Así rellenamos nuestro espejo.

El punto es que nosotros nos seguimos viendo en el espejo de las palabras de otros, en esas opiniones que nunca nos sorprenden, quizá no las notamos, pero nos alimentan. De igual manera, como personas, nos construimos de voces ajenas. ¿Seremos solamente lo que dicen que somos?

Los dejo con un fragmento del diálogo escrito por Bernardo de Monteagudo en el Siglo XIX. Se trata de un diálogo de muertos (aunque en realidad el monarca español no estaba muerto) entre el Inca Atahualpa y Fernando VII en los Campos Elíseos, lugar propicio sólo para los grandes gobernantes.

“I: Comparad, pues, ahora tu suerte con la mía, la conquista de tu península con la del Nuevo Mundo y la conquista del francés en España con la del español en América, consultad, digo, las historias sobre las escenas que se han visto en el peruano y el mexicano suelo, y verás manifiestamente que dicen que en el momento en que dio su notician Colón del descubrimiento de la fertilidad de la nueva tierra y sus riquezas empezó a hervir la codicia en el corazón avaro de los estúpidos españoles que atravesando inmensos mares se trasmigran en tumultos a las Indias. Aquí saben que los americanos son unos hombres tímidos  y sencillos, pero saben que los advierten al mismo tiempo que, aunque incultos y salvajes son muy pocos los misantrópicos, y que los más viven reunidos en sociedad; que tienen sus soberanos a quienes obedecen con amor, y que cumplen con puntualidad sus órdenes y decretos. Saben en fin que estos monarcas descienden, igualmente que tú, de infinitos reyes, y que bajo de su dominio disfrutan perfectamente sus vasallos de una paz inalterable; pero como con sus ojos empapados en el ponzoñoso licor de la ambición, creen coronadas de oro y plata las cimas de las montañas, o a lo menos, depositados en el interior de aquéllas, interminables tesoros, como las mismas cabañas de los rústimos e inocentes indianos les parecen repletas de preciosos metales, y quieren apoderarse de todo y conseguirlo todo; protestan arruinar aqulla desdichada gente y destruir a sus monarcas.  […]

Ved ahí, Fernando, la viva imagen de la conducta de tus españoles; ved, digo, si con fundamento los noto de injustos, crueles y usurpadores, cuando del mismo modo que el francés en España, se han entronizado ellos en América contra la voluntad de los pueblos; cuando del mismo modo de aquél, han quitado el ctero a unos soberanos descendientes de varios reyes y del mismo modo que tú, jurado unánimamente por sus pueblos; cuando finalmente el homenaje que les rinden es aún más forzado y violento que el que tributa la España al francés Emperador.”

Diálogo de muertos.

Como lo indica el título y la definición de la palabra diálogo, a continuación les presentamos una conversación entablada entre dos hombres temidos por los gobiernos de países poderosos: Osama Bin Laden, líder de la red terrorista Al Qaeda y actualmente muy renombrado a causa de su supuesta muerte  y V, el personaje protagonista de la novela gráfica escrita por Alan Moore en la década del 80, y que posteriormente fue llevada al cine y estrenada en 2006 a nivel mundial: V for vendetta.  
El texto ha retomado las bases de los diálogos de muertos que se leían ávidamente en el siglo XVIII a causa de su prohibición que era motivada por el alto contenido satírico que se encontraba en ellos y la cual no favorecía la ya de por sí negra realidad que América atestiguaba en esos instantes: la crisis del imperio español que trajo la conquista de Napoleón Bonaparte de la mayor parte de Europa, y por consiguiente los indicios de movimientos independentistas en el continente americano.   
De el siglo ya mencionado podemos leer un diálogo de muertos entre Atahualpa y Fernando VII escrito por Fernando Monteagudo, un intelectual que buscaba causar algo a sus lectores que eran su pueblo, y quien en su texto pretendió manifestar su inconformidad ante la situación que presenciaba; una guerra que no le pertenecía a los americanos y que sin embargo estaban pagando caro, una guerra de combatientes ultrajadores en ambos ejércitos: los que ultrajaron primero a América  y los que ultrajaban en ese momento a Europa. 
Elegimos a Osama pues hace no más de un mes se anunció su muerte, la cual ha sorprendido al mundo entero, causando especulaciones y sospechas sobre la noticia inesperada. Y elegimos a V por un motivo más personal: somos admiradoras fervientes del personaje enmascarado, además de que creemos que nuestra afectividad con dicho personaje coincide con la de muchos de nuestros lectores. Ambos seres están vigentes, ambos tuvieron causas comunes, ambos aun tienen mucho que decir incluso después de muertos… Los dejamos con el diálogo para que ustedes mismos juzguen. 

Donde el espíritu humano se purga y de subir al cielo se hace digno… Ahí se ve descontento a Osama, su larga barba cana y un turbante pulcro son los que descubren su identidad. Son sus ojos oscuros y sus labios sellados quienes demuestran su incomodidad, su descontento… Él aún no sabe qué hace en aquel lugar, no reconoce a nadie, ningún pariente, ningún conocido. No es el Barzaj ni tampoco el Araf, se parece un poco a aquellos lugares que describe El Corán, pero… No es ahí… Tiene dudas, tiene miedo, aún no se arrepiente, aún no sabe siquiera qué fue lo que ocurrió.

Un hombre que por loco fue conocido, un hombre que nació para ser líder, para llevar a su pueblo a la revolución; un hombre sediento de venganza cual Conde de Montecristo, atraído por la presencia novedosa y contrastante de Osama, identificándose un poco con lo que ve de él, se acerca al musulmán yihadista.

-¿Porqué usas máscara aquí?- Pregunta Osama.
– Porque la mujer que amo me permitió morir tal como soy, como fui… Porque debajo de esta máscara hay lo mismo que bajo tu piel, tu máscara: carne, huesos… ¿Eres tú el afamado líder de Al Qaeda?
– Yo soy Osama Bin Laden. Sí. Sigo sabiendo quien soy y sé qué hice, mas no sé qué es aquí ni tampoco qué hago en este lugar.
– Aquí le llaman Purgatorio los católicos, y los que son como tú le llaman Araf, la perspectiva de este espacio depende de la visión de cada uno de nosotros, es relativa y abstracta, depende de nuestra educación, de nuestra vida. Aquí aspiramos a alcanzar el cielo, estar con Dios o con los Dioses…
Nadie te explica nada cuando llegas, lo que yo sé es porque he pasado mucho tiempo en este lugar. Aquí no reconocerás a nadie pues se trata de que olvides la vida terrenal, pienses en lo que hiciste, te arrepientas y en algún momento ser perdonados por quien crees. No somos lo suficientemente malos para ser castigados eternamente pero tampoco tan buenos como para entrar luego de morir al reino de los Dioses. Yo no me he arrepentido de nada, no sé si me arrepienta…
– No me has dicho tu nombre, hombre enmascarado.
– Mi vida estuvo dividida en dos partes, mi primer nombre lo he olvidado, no es éste el motivo de mi fama, de mi castigo en este lugar, esa vida dejó de pertenecerme, pero fue mía y si no es la razón de que esté aquí, si lo es de que haya hecho lo qué hice, de mi transformación, de mi segunda vida, de lo que sigo siendo y nunca dejaré de ser… Me llamo V, como la V de la Venganza…
– ¿Entonces estás en el… Araf… Por motivo de la venganza?
– Puedes decir venganza o justicia, la diferencia radica en que la primera causa cierta satisfacción, y la segunda es una virtud que debe ser ciega… ¿Tú has actuado por venganza o por justicia?
– Por justicia, por reformar mi religión trastornada por los occidentales, por recuperar lo que nos pertenece por derecho, territorio, bienes materiales quizá, como el oro negro. Por la emancipación del mundo árabe que está controlado por Estados Unidos. Luché en nombre de Alá, de mi religión, del Islam, de los musulmanes. Quizá cometí actos monstruosos y asesiné a mucha gente, no me arrepiento de ello, no, porque así fue como el mundo entero conoció mi nombre, me temieron, me buscaron, y tardaron años, décadas en encontrarme. Los sucesos que mi causa desató, como la caída del WTC, jamás serán olvidados. Quizá haya sido el hombre más odiado, fui egoísta e intolerante, pero mi voz era colectiva, y yo actúe en nombre de muchos, no sólo en el mío… Y niega tú que todas las personas son egoístas, y todas en menor o mayor medida hacen cosas sólo por su beneficio o por el de sus amigos… El mundo en el que vivimos, ya no se vive, y se tiene por lo menos que buscar la manera de no morir, de luchar en contra de quienes buscan la opresión y el poder absoluto. ¿Acaso los presidentes que han tomado el cargo de Estados Unidos no son egoístas? Son los peores, tienen al mundo entero sometido, su ambición ha sobrepasado límites, codician bienes ajenos, quieren más y más siempre, nunca están contentos. Navegan con bandera hipócrita, de justicia según ellos, invaden y arrasan con quien se interponga entre sus fines… Los estadounidenses no son mejores que yo, que nosotros, que nadie, y lo que han hecho es más terrible que lo que hice. Ellos siguen vivos, siguen reprimiendo y ganando terreno en esta guerra que no tardará en ser mundial, tienen el control de casi el mundo entero, y casi el mundo entero está descontento… Se han dicho infinidad de cosas sobre mí, historias, leyendas ya giran en torno a mi nombre, pero pocos saben la verdad, pocos conocen mi causa y mis motivaciones. Yo jamás anhelé el dominio total del mundo… No soy aquella imagen que pintan los noticieros de todas partes, no soy el que dicen y divulgan los periódicos, no. Todo eso es sólo la máscara que me impusieron mis enemigos. Yo fui un ser humano, y me equivoqué y acerté, como todos… Yo nunca me creí Dios ni me olvidé de él. Yo actúe por justicia y venganza también, porque ésta se siente cuando se ha padecido injustamente.
Tal vez tú y yo, V, nos llevemos bien en este lugar, estamos aquí por motivos semejantes, podemos entendernos de alguna manera.
Ahora, háblame de ti un poco más, me interesa conocer tu historia, la causa de tu causa…
– Tenemos muchas cosas en común pues a mí también me llamaron terrorista. Se divulgaron falsedades sobre mí, algunos me temieron, otros me admiraron. Yo viví en un país abatido por la represión, y por la codicia de los mandatarios padeció mucha gente… Discriminación e intolerancia calificaban a aquel gobierno… También fui asesino, también destruí lugares simbólicos… Pero a diferencia de ti, yo si acabe con mis enemigos. Me llevó tiempo planear y llevar a cabo mi plan… Yo no buscaba una revolución como tal, no era mi finalidad llevar a las personas a una gran rebelión, pero el mal que me aquejaba a mí era el mismo que aquejaba a los británicos, y fue ahí en en donde supe moverme y conmover… Hice de mi causa la causa de un pueblo harto, cansado, hastiado del miedo y de la opresión… De un gobierno injusto y egoísta, que se olvidó de nosotros, que profesaba el fascismo, y más que el dominio total: el exterminio total. Yo asesiné con arte a todos los traidores, a los usurpadores del poder, todos y cada uno de ellos padecieron en nombre de nosotros. Tras la máscara solo hallarás a la humanidad, tras de mí sólo encontrarás el rostro de un hermano, de un padre asesinado, de una hija, del asesino y el asesinado, traigo tras mis ojos los tuyos y los de aquellos, de cualquiera, de nosotros. Y al mirarnos hoy nos miramos a los ojos en la calle, en la fila, en la espera, en la prisión, y al mirarnos decimos en voz alta aquello que es la máscara de por sí. La máscara es una mentira de mi/tu/nuestra identidad, pero es la verdad de los deseos, de los derechos y las necesidades de los hombres que nos obligaron a nacer, a forjar el rostro que nos ha condenado y será su condena, nadie más que ellos es responsable de tu existencia y de la mía.
Nos hemos encontrado ahora, cuando tú y tu muerte representan una batalla perdida y yo y mi nacimiento representó el deseo de ganar una guerra. ¿Cuándo podremos decir que vencimos, qué valió la pena no ser nadie? El día que como en mi sueño y en mi vida aparezcan un millar, un millar de millares de personas, de identidades solas y complejas con el mismo rostro, cada quien siendo uno y todos, cuando nuestro sacrificio se repita para todos.
Y mientras tanto. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos?
-Somos… Cada quién es su humanidad, la que defiende y en la que cree. Yo soy el Islam, yo soy mi Dios y mi pueblo ofendido y humillado, que para volver a ser él mismo tuvo que saciar la ambición del otro con su muerte y sus palabras atoradas en su propia garganta. Yo soy la negación de su poder y la aseveración del nuestro. El fin de su desorden, de su caos, de su vanidad, de su inmoralidad.
-Somos… Mi humanidad no es un pueblo, son todos. Mi humanidad también ha tenido que morir, se ha convertido en su propia negación. Mi humanidad llegó a ser su propia separación, el divorcio de sí misma. Llegó a diferenciarse en homosexuales, cristianos, negros y americanos, infinitamente se dividió y trató de afirmar su rostro, sus ojos, su voz y sus creencias, tanto que olvidó su nombre primigenio, olvidó que además de ser lesbiana, judía y amarilla era parte del conjunto, nunca fue todo. Y entonces odió al otro por no ser su espejo, porque ya no había lugar alguno en el que cupiera con toda la soledad de su identidad, se odió tanto que tuvo que matarse. Yo no tuve que matar a nadie, el trabajo estaba hecho, no había nadie a quien defender.
-Quizá entonces haya acertado cuando te dije que ambos nos parecíamos, no somos iguales, nadie es igual, y nuestras causas de hecho fueron por caminos paralelos no muy distintos, por eso es que entendemos de lo que hablamos, pero cada camino tuvo sus propios topes y baches, ¿y qué? Al final llegamos al mismo lugar. Estamos aquí sentados, muertos ya y sin nada que hacer por la gente que dejamos. No nos ha quedado nada. Tú hablas por quienes te siguieron durante tu movimiento, por los que llamas homosexuales, negros, judíos, pobres, pero a pesar de eso me estas juzgando por hablar en nombre los míos que también eran una sola unidad y son a quienes conocí, porque ahí viví, ahí entre ellos aprendí, crecí e hice lo que tuve que hacer… Tú viviste en Gran Bretaña, y tu gente es la que rodeo tu entorno, tu contexto, la que influenció tu causa. No somos una sola voz pues no somos un sólo pueblo, cada uno ha sufrido de modo diferente, cada quien peleó por su propia causa, cada uno tiene sus propias cicatrices; y aún allá en el mundo al que no pertenecemos más hay personas que buscan hacer algo por sus pueblos, sin pensar en lo que quieran los otros. No puedes hablar por todos si no has vivido como todos, ninguna historia es la misma, ninguna causa lo será tampoco.
-No te condeno pues condenado ya estás, ambos somos condenados. De tu voz y de la mía sólo quedará el eco y esa repetición se convertirá en la imitación y esa imitación en destrucción, poco a poco nuestras palabras dejarán de serlo y sólo quedará una mala interpretación de lo que no fuimos. Tú, acaso una figura libertadora, yo un extremista desquiciado. Y no, entre nosotros no puede haber enfrentamiento, por más que buscaras gobernar y yo que se gobiernen. Porque en la lejanía, nuestro reflejo será una mancha oscura…

Bin Laden y V callaron, miraron su alrededor y luego se miraron entre ellos, entonces entendieron por fin al otro, y de ese modo supieron que discutir y defender su causa ante ellos no tiene caso. Ya están muertos, ya no hay nada por qué luchar. Ya no tiene sentido hablar de la causa que se perdió hace mucho tiempo, de la causa que nunca estuvo ganada. Comprendieron que se parecen y que no se arrepienten de nada, que serían compañeros ahí en El Purgatorio, El Araf, y en Tamoanchan… En ese lugar donde todos los hombres de todos los pueblos, de todas las causas, de todas las religiones, son iguales. Ahí en donde se conocieron y en donde pasaran mucho tiempo juntos, hasta el momento de arrepentirse…

Escrito por:
Jenifer Balderas Arriaga
Mariana Cruz Mora

Negra cicatriz

 

Una de las cicatrices de  América es la que se refiere a la situación de los esclavos africanos y sus descendientes. En la conmovedora Autobiografía del esclavo poeta de Juan Francisco Manzano nos encontramos con una triste narración de sucesos que marcaron la vida de este poeta negro de la Cuba del siglo XIX. Su testimonio recurre a hechos que recuerda perfectamente y otros tantos que olvidó o trata de no recordarlos, por ser verdaderas tragedias e injusticias.

     A mí lo que realmente llamó mi atención, por la severidad y desilusión que provoca, es la nota al final de la trunca autobiografía en la que alguien ajeno al texto aclara:

Hasta aquí Manzano: ese pobre esclavo cuyo pecho encierra sin embargo un corazón de poeta, vive todavía gracias a un suscripción promovida por un tan ilustrado como generoso Americano, goza hoy de libertad, pero es negro, y un negro en Cuba no puede ser feliz: por eso es que Manzano, para dar de comer a su mujer y a sus hijos trabaja de cocinero.

Si llegaras a leer este testimonio te darías cuenta de que en verdad estas palabras finales no son tan exageradas y que este texto tiene una función más allá de ser sólo una autobiografía. En realidad no entraré en detalles, en pocas palabras, se puede afirmar que se utilizó como parte del discurso abolicionista que nacía en aquella isla.

    Por otra parte, leyendo sobre este tema me topé con una revelación: Nuestro México del siglo XVI y principios del XVII fue el territorio con la población africana más numerosa del hemisferio occidental, revelación que hace que reflexionemos sobre la situación actual de estas poblaciones.

    Tal vez creas que es una locura pero ¿has visto las emblemáticas pinturas de José María Morelos, Vicente Guerrero o Melchor Ocampo? Pues, algunos estudiosos sostienen que tuvieron sangre africana. Si, lo sé. Sé que en los fabulosos libros de la primaria no dice tales barbaridades y que otros, que no son de la primaria, sostienen que fueron mestizos o simplemente no dicen nada sobre su origen, al fin y al cabo a quien le interesa.

     En realidad esta circunstancia es una cicatriz abierta de este país. Andar aseverando que en México sólo hubo de tres sopas: españoles, indígenas y mestizos es peligroso y bastante tonto (eufemismo). Pongamos un momento este incidente sobre la mesa y nos daremos cuenta que esa tablita de los textos de educación básica no es tan sencilla. Para empezar ¿Sólo vinieron españoles a México como “representantes” del continente europeo? y los indígenas, ¿todos eran iguales en cultura, lengua, características físicas, etc.? Y se hizo el caos: castellanos, catalanes, flamencos, italianos, holandeses, belgas, alemanes… Y los de acá: nahuas, zapotecas, mixtecas, mayas, tarascos o purépechas, entre otros muchos. Y los de más allá: asiáticos (¿Qué tipo de asiáticos?), africanos (¿Qué tipo de africanos?), etc. Y nos da como resultado toda una locura. Ya no veo con los mismos ojos a lo que llamamos “mestizo”.

     Pero no nos desviemos tanto del tema, nuestro asunto es sobre los afrodescendientes. Un verdadero problema en México porque actualmente son poblaciones sin voz ni reconocimiento oficial. Esta marginalidad se la debemos al modelo de identidad nacional mexicana desarrollado en la era post-independiente que hizo desaparecer de la historia “oficial” a los afromexicanos. Regresa a tu libro de historia de la primaria (aquel en el que Francisco I. Madero resalta en la portada) y no encontrarás mención sobre el papel de los afromexicanos. Para tener una idea de que no caemos en exageraciones, consideremos que de ningún modo nadie pondría en tela de juicio el papel de los peninsulares en la construcción de la identidad nacional, que en realidad, demográficamente era un grupo bastante reducido: se estima que a inicios de la guerra de Independencia apenas eran un poco más de 7 000. Sin embargo, pese a tener una presencia numéricamente más importante, los afrodescendientes desaparecieron del “discurso oficial”.

     Pero las cicatrices se heredan. Esta discriminación no comenzó a partir de la construcción de la Nación, sino que viene de muchos años atrás. La pigmentocracia de los tiempos virreinales es uno de los orígenes. En una pirámide social, en la que el origen y color de la piel eran el fundamento para discernir las clases sociales, el africano (que era llamado también retinto, atezado, amulatado, amembrillado, amulatado o simplemente negro) se ubicaba en el escalón más ínfimo.

    Como sabemos no sólo en México ocurre la marginación hacia los afrodescendientes. Preguntemos a toda nuestra América lo que ha pasado.

     Por nuestra parte, México tiene que elaborar nuevamente una lectura de Nación. Tarea mayúscula, porque implicaría reconocer cuestiones que la sociedad prefiere ocultar, como la esclavitud, la discriminación y el racismo. Quien diga que estas tres heridas abiertas no existen en este país es porque tal vez sea como uno de esos cínicos y sinvergüenzas funcionarios que se hacen de la vista gorda.

     Sea lo que sea, nos despedimos con un “pedacito” de una célebre canción oaxaqueña:

Todos me dicen el negro, Llorona, negro pero cariñoso.

Todos me dicen el negro, Llorona, negro pero cariñoso.

Yo soy como el chile verde, Llorona, picante pero sabroso.

Yo soy como el chile verde, Llorona, picante pero sabroso.

(…)

Ayer maravilla fui, Llorona, ahora ni sombra soy.

Ayer maravilla fui, Llorona, ahora ni sombra soy.

 

Francisco Ricardo Preza

Si el tema fue interesante para ti, debes consultar:

  • Manzano, Juan Francisco. Autobiografía del esclavo poeta y otros escritos. Madrid: Verveut, 2007 (Clasificación en Biblioteca Central de la UNAM: HT1076M35)
  • Vinson, Ben. et. al. Afroméxico: el pulso de la población negra en México; una historia recordada, olvidada y vuelta a recordar. México: FCE, 2004 (Clasificación en Biblioteca Central de la UNAM: F1392.B55 V55 18